Altered Beast (y II)

Altered Beast (y II)

METAMORFOSIS INCOMPLETA (2ª parte) por Gerard Aragón

[…] Es en la diversificación del powerup donde SEGA intentará centrar sus esfuerzos, de ahí el hincapié en la constante evolución física del centurión que comandamos en ALTERED BEAST. Eliminando a ciertos enemigos aparecen unas esferas azules de carácter volátil que deberemos atrapar a tiempo si queremos que el personaje experimente un cambio ideal para facilitar el avance en la partida.

Así, seremos testigos de un aumento en su masa muscular, con rasgadura de túnica incluida, que tendrá el esperado efecto demoledor sobre los adversarios –ahora, la mayoría caerán de un solo golpe–. Esta transformación paulatina alcanza su cénit en el momento de obtener la tercera esfera, que es cuando el avatar vivirá la alteración animal en sus carnes. Previo paso por una animación que inunda la pantalla de luz y de color, el personaje verá como todos sus atributos cambian, y a mejor.

LAS BESTIAS TOMAN EL MANDO

En total, este salvador de Atenea podrá adquirir la apariencia de cinco bestias diferentes. Santo y seña de la obra, la primera de ellas coge como referente al lobo, desmenuzado en el mito grecorromano de Licaón, que nos dotará de gran agilidad, lanzamiento de bolas de energía o bien un ataque lateral de rápida proyección. Esta metamorfosis del protagonista acontece en el escenario que inaugura el juego, una acrópolis bien representada con toda suerte de mausoleos y figuras con la impronta de la época clásica. De ahí proseguiremos nuestra andadura al infierno por un terreno pantanoso donde variaremos la forma en un dragón, las alas del cual nos darán acceso a volar por el escenario mientras descargamos corrientes eléctricas sobre los diferentes mostrencos.

Queda, en este apartado, mencionar las transformaciones en oso, cual Calisto, y en felino, que si buceamos en lo narrado por los clásicos podríamos asociar con el mito de Linco, hasta el desarrollo final en un lobo dorado que, aunque se presupone magna evolución, realmente no introduce variantes respecto a las otras alteraciones en bestia.  En cada uno de los escenarios, todos completables en apenas cinco minutos, habrá que eliminar una representación del demonio Neff, que, igual que el protagonista, también adoptará la forma de otros seres de más enjundia. El recorrido se cierra en un grotesco inframundo de tonos anaranjados en el que yace una aglomeración de cadáveres, entre los que resalta un simpático guiño a la obra pictórica El grito, de Edvard Munch. Las melodías de Tohru Nakabayashi, que más tarde prestaría sus capacidades a un proyecto de envergadura como Golden Axe (íd.; SEGA, 1989), acompañan con tanta solemnidad como con falta de chispa el devenir del protagonista en esta adaptación para la 16-bits de SEGA.

LEJOS DEL OLIMPO

Altered Beast es un producto que, a pesar de cubrirse con una fachada interesante y de una idea, por lo menos, explotable, falla en lo esencial. Con ínfulas de ser el guía espiritual de un nuevo soporte como Mega Drive, el título de SEGA resbala por culpa de una serie de condicionantes que lo marcan de principio a fin. El juego nunca llega a exprimir su mayor baza, la pluralidad del personaje en sus cinco manifestaciones animales, ya que la exigua duración de los escenarios  y la necesidad de coger hasta tres powerups nos conduce a transformaciones de apenas escasos segundos de goce. Esta particularidad no supondría problema alguno si las secciones de avatar en forma humana se resolvieran con éxito, pero no es el caso. Dichos fragmentos se revelan toscos, con una gama de acciones tan limitada como ineficaz a la hora de dar muerte a unos enemigos cuyos golpes casi siempre predominan sobre los nuestros en el uno contra uno. A eso tampoco ayuda un salto marcado por la nula concreción, motivo que condenará al protagonista a hundirse en el vacío en numerosas ocasiones. Las alteraciones arrojan un poco de luz al proyecto, pues con ellas la acción adquiere un ritmo más acelerado y el frenesí se apodera, momentáneamente, del desarrollo, pero es una lástima que las bestias estén condicionadas por el escenario y que no sean radicalmente diferentes entre sí.

También irrigado con tintes animalescos, el coetáneo Toki (JuJu Densetsu; TAD Corp., 1989) se salda en un arcade con mucha más suavidad que este Altered Beast, al que si sometiéramos a comparaciones artísticas identificaríamos con el hieratismo propio de los kouroi griegos, en lugar de asociarlo al delicado movimiento de la escultura clásica. Por suerte, no todo es desdeñable en Altered Beast. El modo cooperativo es, a todas luces, un acierto que el género del beat’em up mimetizará en la época dorada del género con la llegada de los noventa. En el currículum del Team Shinobi, el juego se convierte en el test de pruebas ideal de cara a lograr la excelencia posterior en Golden Axe. Limado de las mecánicas a un lado, este fogueo se concreta en ciertos diseños, el de esos engendros de pico y cola que en la nueva serie regresarán con un aspecto renovado y en calidad de dragones a los que montar y usar como arma mortífera. Este nuevo cartucho de amazonas, magos y dragones pronto dejará en un segundo plano a Altered Beast, aunque el título de las bestias restará, pese a sus imperfecciones, como una pieza refinada en el imaginario colectivo del jugador.

Ya en la era de los 128-bits, SEGA arruinará las justas virtudes de su antecesor con el lanzamiento de Altered Beast (Jyuouki: Project Altered Beast; SEGA, 2005) para PlayStation 2. Un proyecto a la desesperada que se desnutre del inmersivo colorido del original, abandona el retrato mitológico y pierde toda calidad iconográfica por lo genérico y desalmado de sus conjeturas. Quizá por eso, con más razón, el viejo centurión pixelado de Makoto Uchida todavía resiste hoy como un recuerdo erróneamente vívido de lo que es una obra con notorias partes por esculpir. //

Publicado en Star-t Magazine 04, Junio 2011

Ficha técnica: 1988, Japón. T.O.: Jyuouki. Sistema: Arcade, Master System, Mega Drive (Crítica). Desarrollo: SEGA. Producción: SEGA. Coordinación: No Nukes. Diseño: Phoenix Rie, Udi. Programación: Tasi , Healthy Tatsu, Momonga Momo. Sonido: Nau.

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